Belleza

BELLEZA IMPERECEDERA

Belleza imperecedera/BlogNT Garay/Belleza/06.05.2020

“La belleza del rostro es frágil, es una flor pasajera, pero la belleza del alma es firme y segura” (Molière). Esta frase me viene como anillo al dedo para tratar dos temas que me interesan mucho: la belleza y saber envejecer.

Pertenezco a la generación que creció viendo a los payasos de la tele: Gabi, Fofó y Miliki, que se iba a la cama cantando vamos a la cama con la familia Telerín, que lloró la muerte de Chanquete en Verano Azul y que disfrutó su adolescencia escuchando la música de los 80.

Hoy en día, con medio siglo a mis espaldas, reconozco que me asusta la visión de Occidente sobre la belleza. Es un concepto demasiado superficial basado en la pura apariencia. La industria de la estética venera y promociona cánones de belleza inalcanzables para una gran mayoría de la población. A veces, perseguirlos puede poner en riesgo la integridad y la salud de las personas.

Todo ser humano desea ser bello, independientemente de que sea joven o viejo, hombre o mujer. El anhelo de la belleza física y el gozo que se experimenta al contemplarla parece arraigado en lo más profundo de la psique humana; es una necesidad del hombre. Estoy a favor de los tratamientos estéticos y las intervenciones de cirugía siempre y cuando respeten la esencia de cada persona. De hecho, yo trabajo en este campo y me dedico a dar masajes de lifting facial japonés.

¿Dónde están los límites?

La obsesión por conseguir la perfección del cuerpo podría llevar irónicamente a la deformidad y a la destrucción física y psíquica. Por eso pido sentido común. Me refiero al hecho de tener consciencia de que existe un límite para cada uno; es una línea fina y tenue muy fácil de rebasar sin darse cuenta, con consecuencias irreversibles. Y por supuesto hay que acudir siempre a buenos profesionales.

Me gustaría llegar a viejecita reconociéndome en el espejo. Mirarme y poder decir: soy Yo, pese a las arrugas que pueda presentar mi rostro. Quizás moleste, porque no es lo que se lleva. Sin embargo, es una opción como otra cualquiera. Ahora prima aparentar un rostro de una chica joven cincelado a golpe de bisturí o de pinchazos sin importar la edad. Apelo de nuevo a la coherencia y os invito a mirar con nuevos ojos el concepto de belleza.

Como bien dice George Bernard Shaw “La juventud es una enfermedad que se cura con los años”. Es una etapa que parece infinita mientras la vives y que desaparece cuando menos te lo esperas. Es tan frágil y fugaz como la belleza de una rosa. Pero la flor guarda un secreto. Aunque pierda su esplendor y sus pétalos, su perfume sutil y etéreo perdura transformándose en recuerdos. Revivirá en nosotros cada vez que la percibamos y será capaz de evocarnos el recuerdo de un ser querido o un momento especial. La belleza de la flor reside no solo es su aspecto sino en su fragancia: su legado y su alma.

El tiempo pasa y envejecer es inevitable. Cada uno lo hará a un ritmo diferente en función de sus hábitos de vida y sus circunstancias. Cuando el cuerpo se deteriora, nos queda nuestra riqueza interior: dones y virtudes. Hacerlos trascender para potenciar nuestra belleza externa es una manera de compensar el declive físico. A lo mejor suena cursi o trivial lo que digo, pero para mí es así. Me interesa la belleza que es capaz de traspasar la simple apariencia. La que irradia salud y felicidad. La que emana de forma natural cuando existe equilibrio entre el cuerpo, la mente y el alma. Aquella que se revela contra el artificio depredador actual. ¿Acaso una mirada con patas de gallos y párpado caído no puede ser bella cuando transmite amor, ternura, bondad o inteligencia?

Envejecer no es un proceso fácil ni agradable. Es un camino que requiere de aceptación, de cuidados y de trabajo interior. Si nuestra percepción de la belleza se ciñe solo al cuerpo físico, la reducimos a un espacio terriblemente restringido y efímero. Sin embargo, si nos esforzamos por tener una visión más espiritual, que resuene más con nuestra esencia como Ser de amor, nuestra belleza será imperecedera.

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