Aceptación y envejecimiento | La belleza madura que nace de quererte

A medida que cumplo años, el tiempo pasa más deprisa y la Navidad llega cada vez antes. Como cada año, hago mi lista de propósitos ---esa que no siempre cumplo, seamos sinceras---: ir más al gimnasio, perder algún kilo, mejorar el inglés... Lo de siempre. Pero este año tengo un gran propósito para 2026, uno tan claro como complicado: aceptar el envejecimiento. Sí, tal cual.

Esto no significa que vaya a dejar de cuidarme; simplemente necesito practicar más la aceptación de mi envejecimiento corporal en un mundo que nos bombardea a todas horas con el culto a la juventud. Es como un riego por goteo: no te enteras, pero, gotita a gotita, esas imágenes de mujeres maduras con un cutis y cuerpo perfecto van calando en el cerebro hasta que un día piensas que quizá tú también deberías hacerte "algún retoque", para lucir igual.

El peso de la cultura visual: redes sociales, cine y publicidad

Televisión, anuncios, cine y redes sociales siguen empeñados en mostrarnos mujeres de 50 o 60 que, misteriosamente, parecen tener 30... Se normalizan cuerpos y rostros retocados. Mientras la mujer real, la trabajadora que sale ojerosas después de ocho horas de curro y aún tiene que pasar por el supermercado, acaba sintiéndose "pequeña y demacrada".

Famosos, modelos, actores, actrices e influencers aparecen en eventos glamurosos tras pasar por chapa y pintura: maquillaje, peluquería y estilismo para lucir su "mejor versión". Y si aún así se cuela algún rastro de humanidad en una foto, siempre hay un profesional del Photoshop dispuesto a hacerlo desaparecer. Me viene a la mente la famosa frase de William Shakespeare: "La vida es puro teatro".

Vamos, si tú pasaras por ese mismo proceso de transformación, también saldrías divina de la muerte. Pero claro, nada de eso te viene a la cabeza en un primer vistazo. Lo normal es pensar: "¡Qué guapa! ¡Qué estupenda está esta mujer!". Y así, poco a poco, va entrando el mensaje: juventud = valor.

Si para cualquier persona anónima el aspecto físico ya es importante porque es nuestra tarjeta de presentación, imaginad lo que significa para quienes viven de su imagen. Ese detalle no deberíamos olvidarlo cuando encendemos la tele u hojeamos una revista.

TODOS ellos son tan humanos como tú y como yo, y desde luego no son perfectos. De hecho, cuando te los cruzas en algún lugar público, te das cuenta de que la justicia divina existe. Por eso digo BASTA YA de engaños, BASTA YA de intentar vendernos esa burra maquillada.

Las comparaciones siempre han sido odiosas

 La comparación es inevitable, y muchas veces ocurre sin darnos cuenta. Te comparas con mujeres de tu misma edad ---famosas o no---, e incluso con tu propio grupo de amigas.

 Recuerdo que una clienta me preguntó una vez qué opinaba del bótox y, tras escuchar mi respuesta, me dijo: "Mira, Carmen, a mí no me apetece pincharme, pero me cuido muchísimo: como bien, hago deporte, me hago skincare a diario... Y aún así me veo más vieja que mis amigas. Estoy harta. Me estoy planteando ponerme bótox".

 Y al final, casi sin que ellas se den cuenta, el grupo entero de amigas acaba pasando por las manos del mismo médico estético. Ojo, que yo no estoy en contra ni de la cirugía ni los retoques ni del uso de aparatología, siempre que se hagan con buenos profesionales y con sentido común.

 ¿Y qué entiendo por sentido común? No obsesionarse con una perfección que, al final, borra o distorsiona la expresión y la armonía del rostro. Es triste ver cómo el abuso de ciertos tratamientos mal realizados puede llegar a deformar la belleza de una mujer, que en muchos casos ni siquiera es consciente de ello...

asumir paso del tiempo

El miedo al "desaparecer": la ansiedad de volverse invisible

 A partir de los 50 muchas mujeres sienten que ya no encajan en los estándares de belleza. Surgen frases como "yo antes llamaba la atención" o "ya nadie me mira", que reflejan cómo la sociedad actual reduce la autoestima femenina al aspecto físico. La mujer según va envejeciendo se vuelve INVISIBLE.

 Hace poco leí un artículo sobre el gurú de la cirugía plástica que operó a Kris Jenner (70 años), la madre de las Kardashian. He perdido la cuenta de cuántas son, porque entre tanto retoque cada vez se parecen más entre ellas... Incluida la madre. Y son como el perejil, están en todos los saraos, así que una ya no sabe si ve a una o a un copy-paste.

 Pero vayamos al grano, que me disperso. El cirujano en cuestión se llama Steven Levine y, gracias a una intervención llamada Deep Plane o lifting en plano profundo ---que básicamente consiste en reposicionar músculos, redistribuir grasa y reajustar ligamentos--- ha conseguido que la matriarca luzca el rostro de sus hijas, que rondarán los 40.

 El procedimiento dura entre 4 y 6 horas y cuesta la módica cifra de 250.000 dólares. Las consultas previas salen por unos 5.000 dólares cada una y, por si fuera poco, hay una lista de espera de dos años. Al parecer, hay pocos cirujanos capaces de realizar esta técnica tan compleja... Y muchos rostros dispuestos a intentarlo.

 Claro, después de leer este artículo, una no puede evitar preguntarse qué estamos haciendo tan mal en los países "desarrollados", para que tantas mujeres estén dispuestas a pasarse horas en un quirófano, jugándosela literalmente, solo para aparentar una edad que ya no les corresponde. Algo está fallando.

 Y la respuesta, por desgracia, es bastante sencilla: la sociedad está enfermando. Hoy se ha instalado una ecuación perversa que define la autoestima femenina así: juventud = éxito = belleza = valor. De este modo, la mujer madura queda atrapada en un estereotipo que le susurra que solo es "visible" si parece joven, empujándola a un pulso constante entre quién es de verdad y lo que el mundo espera ver de ella.

¿Aceptar la edad o luchar contra ella? El dilema emocional

 Hoy en día, mantenerse al margen de estos prejuicios es realmente difícil, sobre todo para las mujeres cuyo trabajo depende de su imagen: modelos, actrices, presentadoras, etc. Aun así, eso no debería ser un impedimento para defender con firmeza la importancia de cultivar la aceptación y la introspección personal.

 La aceptación te ayuda a quererte tal y como eres ahora. Lo bonito de cumplir años es que las prioridades cambian y una ya está de vuelta de muchas cosas. Con los años descubres que tu experiencia y todo lo vivido te dan una seguridad que jamás imaginaste cuando eras joven.

 Eso no significa renunciar al cuidado personal ni a envejecer de la mejor manera posible, como ya he dicho antes. Sentirte guapa, sentirte bien en tu piel, es fundamental para tu bienestar y tu equilibrio emocional. Cada cual elige el cómo. Yo he decidido hacerlo de forma respetuosa, coherente con mi cuerpo y con mi edad.

 Insisto en la importancia de la introspección porque es un momento de pausa, de quietud, de estar a solas con nosotras mismas. Un espacio para silenciar el ruido externo y mirarnos hacia dentro, buceando en el autoconocimiento. Sólo así podemos identificar, interpretar y comprender mejor las emociones que nos invaden y tomar conciencia de aquello que realmente es importante.

 Es una herramienta poderosa que puede ayudarnos a aceptar mejor el hecho de envejecer. Nos permite cuestionar los cánones de belleza que impone el mercado actual y el coste personal que conllevan, tanto a nivel económico como psicológico. Necesitamos reconectar con la mujer que realmente somos, con nuestra esencia más auténtica, más allá de las expectativas ajenas.

aceptar paso del tiempocarmen garay

La belleza madura no va de perfeccion

 La belleza madura no va de perfección ni de rostros inalcanzables... La belleza madura no consiste en imitar la juventud. Error: en esa carrera siempre se pierde. Para mí, la verdadera belleza madura está en sentirse a gusto con una misma, con la flacidez, las arrugas y hasta con esos dolores de articulaciones nada más levantarte. Y, aún así, tener las ganas y el sentido del humor suficientes para reírte de todo ello y decir: estoy estupenda, y hoy toca disfrutar de un día más.

 La belleza madura, en mi opinión, no va de perfección ni de rostros inalcanzables. No es eso. Consiste en tener una piel y un cuerpo sanos, fruto de hábitos de vida equilibrados que cuidan el cuerpo, la mente y el alma: una buena alimentación, ejercicio, contacto con la naturaleza, tener aficiones, meditación u oración, amistades que nutren y con las que disfrutas de la vida.

 Cuando todo eso se integra, la mujer irradia belleza de forma natural, sin esfuerzo. Porque se siente en paz consigo misma, porque se acepta y porque se reconoce valiosa tal y como es. Una mujer más sabia, más libre y con una belleza profundamente auténtica.