Seguro que alguna vez te has levantado pensando: "Jo, no sé qué me pasa, pero no estoy bien".

No siempre es cansancio. A veces no tiene nombre. Solo es una sensación que aparece y te sugiere que quizá necesitas parar un poco, dormir mejor o simplificar en lugar de añadir más cosas a tu vida.

Y tú, que eres una persona razonable y equilibrada, decides ignorar esa sensación olímpicamente y seguir como si nada.

Y curiosamente, cuando la ignoramos demasiado tiempo, el cuerpo encuentra maneras mucho más contundentes de llamar nuestra atención: una reacción cutánea, un ataque de ansiedad, una enfermedad…

 La intuición no se presenta con luces de neón ni se hace acompañar por una orquesta de panderetas y zambombas. No. La intuición aparece como una sensación, una incomodidad o una certeza difícil de explicar.

A veces se trata a la intuición como si fuera algo esotérico, irracional o reservado para personas con un "don especial". Pero la realidad es mucho más sencilla y, probablemente, más interesante: todos tenemos intuición y quizás la usemos en muchas ocasiones sin darnos cuenta.

 En belleza y bienestar solemos hablar de hábitos, alimentación, ejercicio, cosmética, descanso o gestión del estrés. Todo eso importa. Pero hay una herramienta silenciosa que muchas veces dejamos fuera de la ecuación: aprender a escucharnos.

Entonces… ¿qué es realmente la intuición?

 La intuición es esa sensación que aparece cuando algo dentro de ti parece saber más de lo que puedes explicar con palabras. No tienes pruebas, no tienes una lista de razones, pero lo sientes.

La intuición aparece cuando somos capaces de escuchar el cuerpo, las sensaciones y las emociones, así como esa voz interior que, aunque sutil, resulta clara y segura. Es ese momento en el que piensas: "No sé por qué, pero siento que esto es así".

Nos ofrece respuestas rápidas, casi instantáneas, porque proviene de una fuente de sabiduría que no necesita ser comprendida por la mente, sino sentida por el corazón.

Se alimenta de experiencias pasadas, conocimientos acumulados y respuestas emocionales y sensoriales que hemos ido registrando a lo largo del tiempo, aunque no siempre seamos conscientes de ello.

Es esa sensación que aparece cuando:

  •  Notas que necesitas descansar antes de sentirte agotada.
  •  Sientes que un tratamiento no encaja contigo, aunque esté de moda.
  •  Percibes que tu cuerpo necesita movimiento o justo lo contrario.
  •  Te das cuenta de que una rutina que antes funcionaba ahora ya no.

 La intuición no suele hablar en mayúsculas. Más bien susurra. Y para escucharla hay que prestarle atención en silencio.

Señales de que quizá deberías escuchar más tu intuición

Hay veces que el cuerpo empieza enviando mensajes a través de síntomas. Pequeños detalles:

  •  Te notas más irritable.
  •  La piel pierde luminosidad.
  •  Te cuesta relajarte.
  •  Sientes cansancio, aunque hayas dormido.
  •  Todo te desborda.
  •  Empiezas a acumular tratamientos, productos o rutinas buscando una solución que no termina de aparecer.

Y entonces hacemos algo muy humano: pensamos que necesitamos hacer más.

 Más productos. Más disciplina. Más exigencia.

Cuando en ocasiones la intuición estaba diciendo justo lo contrario.

 Menos.

 Menos estímulo. Menos prisa. Menos comparación.

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Cómo empezar a entrenar la intuición

La intuición se fortalece con la práctica y la confianza. No hace falta sentarse bajo una cascada ni encender veinte velas aromáticas mientras repites un mantra.

A continuación, te doy algunos tips que te pueden ser de ayuda:

  •  Practica la meditación o el silencio: La meditación, unos minutos de silencio al día o el mindfulness ayudan a calmar la mente y reducir el ruido externo. Este espacio de quietud te permite percibir mejor tus sensaciones internas con más claridad.
  •  Escucha el cuerpo antes que el algoritmo: Que una rutina funcione a otra persona no significa que sea adecuada para ti. Tu cuerpo te da señales claras —comodidad, rechazo o incomodidad— que pueden ayudarte a intuir si algo encaja contigo.
  •  Hazte preguntas: Hazte preguntas y escucha las primeras respuestas que surgen sin emitir juicio alguno ni analizarlas demasiado. Por ejemplo: ¿debería hacerme este tratamiento facial? Y escucha las primeras sensaciones que emite tu mente y tu cuerpo.
  •  Confía en las primeras impresiones: Las primeras impresiones son a menudo una manifestación de la intuición. Confía en ellas.
  •  Vive el momento presente: Estar plenamente presente en tu día a día te permite conectar con tu intuición y con las señales que te envía.
  •  Escucha activa: Cuando escuches a alguien trata de ir más allá y entender no solo las palabras sino los sentimientos y los pensamientos no expresados. Te ayudará a afinar la intuición.
  •  Aprende de tus errores: Cuando la intuición no funcione como esperabas —que a veces ocurre—, intenta observar qué pudo influir en esa decisión: si fue el miedo, el deseo o alguna otra emoción la que terminó pesando más de la cuenta.

Escuchar la intuición no significa apagar la razón

Es importante recordar que la intuición no siempre es infalible. Aunque es una herramienta muy valiosa, no conviene que sea el único criterio al tomar decisiones importantes o afrontar situaciones nuevas.

Escucharla no significa dejar de lado el conocimiento, la experiencia o la reflexión, que muchas veces nos ayudan a evitar errores y a tomar decisiones más conscientes.

La intuición es rápida, automática y emocional, aunque a veces falle. Resulta muy útil cuando necesitas tomar decisiones rápidas o cuando ya cuentas con experiencia en ese ámbito.

Sin embargo, el razonamiento lógico es lento y deliberado, y se basa en datos y análisis. Implica hacer cálculos mentales, valorar pros y contras y reflexionar antes de tomar una decisión, aunque aun así tampoco esté exento de error. Ante situaciones nuevas o complejas, lo más recomendable es parar, analizar con calma y apoyarte en un papel y un lápiz para valorar pros y contras antes de decidir.

Escuchar + sentir + intuición = Bienestar

 El bienestar no siempre consiste en hacer más o en añadir nuevas cosas a la lista. A veces consiste en algo mucho más sencillo —y a la vez más olvidado—: escuchar y volver a sentir guiándote con la intuición.

 Una ecuación poderosa:

  •  Sentir cuándo necesitas parar.
  •  Cuándo necesitas cuidarte.
  •  Cuándo algo ya no encaja contigo.

Y quizá descubrir que esa voz interior que llevabas tiempo ignorando no estaba exagerando ni equivocándose… Simplemente estaba intentando ayudarte a estar mejor.

 Al final, escuchar la intuición no es dejar de pensar; es recordar que decidir también implica sentir.