Sobre mí

Carmen Garay

Gracias a un curso de reflexoterapia podal descubrí las terapias naturales hace
ya más de diez años.
Fue la llave de acceso a un mundo desconocido y fascinante que me abrió la mente y me hizo entender la enfermedad desde un punto de vista diferente al de la medicina convencional.

Este hallazgo despertó en mí una sed insaciable por seguir aprendiendo. Motivo por el cual a este curso le siguieron muchos más: reiki, drenaje linfático, masaje metamórfico, herbodietética, dietética aplicada, lifting facial japonés, medicina ayurveda y espiritualidad del alimento… Cada uno de ellos me proporcionó conocimiento y me llevó por el camino de la sanación interior. Me aportaron la fuerza necesaria para enfrentarme a mis defectos, mis miedos, mis inseguridades, mi vulnerabilidad; para perdonarme y quererme cuando era necesario, y para crecer y evolucionar con el anhelo de realizar mi proyecto espiritual.

Por aquél entonces me ganaba la vida compaginando un trabajo administrativo con la restauración de muebles antiguos. Afición que se convirtió durante más de 20 años en una verdadera pasión, en la que mis manos fueron mis herramientas de trabajo. Y mientras tanto, la familia y los amigos se convirtieron en los conejillos de indias de las terapias aprendidas. Fue una época divertida arreglando papeles, muebles y personas.

A los 40 años y tras ser madre decidí dar un giro a mi vida profesional. Todos estos años de estudio y de esfuerzo se transformaron de repente en una necesidad y un deseo profundo por ayudar a otras personas. Aquéllas manos que entonces me permitieron reconocer la textura de una madera, la suavidad de un barniz, las rugosidades de una superficie… Hoy son mis guías para sentir a las personas, percibir su estado anímico, la temperatura de sus pies o la hidratación de su piel.

Proporcionar bienestar y ayudar a sanar son mi gran recompensa.